Antes y durante el primer día en la oficina

Que «nada se destruye y todo se transforma» es una de las leyes de la materia y, como tal, puede aplicarse a nuestra vida diaria. Por ejemplo, luego de la escuela, el instituto y/o la universidad nos alistamos para el mundo laboral y debemos estar preparadas para el envío de CVs, las entrevistas, pruebas de selección… y si después de todo eso logramos mantenernos en pie, seremos reclutadas para empezar en nuestro primer empleo.

A pesar de que demos brincos de alegría por esta nueva y enriquecedora experiencia, es normal que nos sintamos con el temor propio de asumir una responsabilidad que antes no habíamos desempeñado y que implica no solo nuestro porvenir, sino el de una organización compuesta por varias personas con las que quizá tampoco habíamos tenido vínculo previo alguno.

Si la primera impresión es la que cuenta, entonces nuestro primer día en la oficina nos permitirá saber a grandes rasgos cómo funciona la empresa y la manera en que actúa su personal, de modo que podamos adaptarnos más pronto a su estilo de trabajo y trato. En adición, ellos también podrán darse una idea de cómo somos y brindarnos el nivel de confianza que crean pertinente en torno a la imagen que transmitamos.

A fin de que nuestra adaptación al nuevo empleo sea menos difícil a lo que de por sí implica tantos cambios para nuestra vida, quiero compartir algunos tips que desarrollé junto a algunos amigos y amigas que ya han pasado satisfactoriamente esta situación. Y ojo que no necesitan tomar nota, ya que pueden volver a este post y a nuestro flamante blog cada vez que quieran.

Cuando nos reunamos para finiquitar detalles sobre el nuevo trabajo debemos preguntarle al entrevistador todos los detalles concernientes al horario (de entrada, almuerzo y salida), la ropa que se usa, el nombre de nuestro superior directo y pedirle que nos haga un recorrido, si no por toda la empresa, por lo menos al interior de nuestra área.


Si ya no lo hicimos antes, indagar información por internet acerca de nuestra nueva casa laboral y también sobre las opiniones de terceros acerca de ella (antiguos trabajadores, clientes, personas allegadas, etc.) y de sus principales competidores.

Llegar cinco minutos antes de la hora de entrada oficial y preguntar amablemente por nuestro lugar de ubicación. Esto incluye saludar también de la misma manera, pero sin «exagerar en la buena onda». Es decir, hay que tener una disposición positiva y, ante todo, natural a ganarnos la confianza de los otros, pues si perciben que estamos fingiendo nos harán la ley del hielo antes de cumplir la primera semana.

Llevar dinero para comprar comida en la calle, por lo menos el primer día, pues siempre hay alguien que lo hace y podemos aprovechar el pretexto de acompañarnos para hacer amistad y enterarnos más detalles del ambiente en la oficina.

Imágenes: Telva, WorkingTexasWriter

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